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Coligalleros toman Crucitas: oro, túneles y cianuro al por mayor

La fiebre del oro en Crucitas no baja, al contrario: cada día llegan más coligalleros, y la montaña ya parece queso suizo de tanto túnel.

Hoy se calcula que entre 1.000 y 1.500 coligalleros operan en la zona norte del país. Algunos levantan campamentos improvisados en cuarterías, otros se esconden en el Cerro La Fortuna para excavar de noche, y muchos cruzan desde Nicaragua por pasos no autorizados, luego de que el régimen de Ortega entregara la minería a empresas chinas.

El cambio es evidente: ya no solo se usa mercurio, que de por sí dejaba contaminación, ahora la extracción ilegal se apoya en cianuro, un químico mucho más tóxico y letal. El resultado es un riesgo grave para ríos, suelos y humedales que ya muestran señales de desgaste.

La operación también se ha vuelto más sofisticada. Los coligalleros excavan túneles de hasta 150 metros, trasladan el material a casas y “tómbolas” artesanales donde lo procesan, y el oro puede terminar incluso en Guanacaste, lejos de Crucitas. En paralelo, la vigilancia policial resulta insuficiente: mientras unos 40 oficiales cubren la zona, en los cambios de turno apenas quedan 10, lo que facilita la acción de los grupos ilegales.

A esto se suma un factor aún más preocupante: el narcotráfico. Autoridades locales reconocen que organizaciones criminales están detrás de la extracción, financiando herramientas costosas, contratando a los coligalleros y usando el oro para lavar dinero. En pocas palabras, ya no se trata solo de minería artesanal, sino de una red bien organizada que opera a ambos lados de la frontera.